Lunes, 6 de Septiembre de 2010
Actualizado a las 13:40 h.
Noticias de La Laguna    


Marga, como tantas otras veces paseaba por el casco antiguo de la ciudad. Cuando no tenía nada que hacer, sin prisas, callejeaba. Se paraba a mirar viejos edificios, sus puertas talladas, sus diferentes ventanas y balcones, los mosaicos llenos de  dibujos y colores, los patios centrales de las casas y todo aquello que le llamaba la atención. Siempre descubría algún detalle nuevo, y era como un reto para ella.
            Mil veces había pasado por delante de un estudio donde hacían tatuajes, pero eso no le llamaba la atención y seguía su camino. Esta mañana un impulso la hizo retroceder sobre sus pasos y asomó su nariz al pequeño escaparate.
Estaba lleno de fotos variopintas de tatuajes. Sencillos, simples, discretos, pequeños, grandes, bicolores, de mil colores, llamativos, en zonas determinadas del cuerpo, en casi todo el, etc...
            Observó a través del cristal que dentro tenían archivadores con muestrarios de posibles dibujos para sus clientes y decidió entrar para curiosear un poco.
            Cuando traspasó la puerta de entrada,  una chica que se encontraba tras el mostrador llevando una impoluta bata blanca la saludó...

            Chica - ¡Buenos días!
           
            Marga - ¡Hola buenos días!

            Chica - ¿Puedo ayudarte en algo?

Marga – Voy a serte sincera, no me gustan los tatuajes, solo he entrado por curiosidad, por ver los dibujos de los muestrarios.

            Chica – Vayaaaaaaaaa eres una clienta en potencia.  ( dijo entre risas)

            Marga – Creo que ni en potencia ni en inicio de potencia. (Se rió igualmente)

            Chica – Siéntate  aquí, te pondré los archivadores en la mesa y así los ves.

Marga – Siento molestarte, no te preocupes, me voy, solo era curiosidad. No tengo intenciones de tatuarme nada en mi vida.

Chica – Si supieras cuántas veces he oído eso... Y luego...

Las dos reían, habían conectado bien. La chica mientras le traía las colecciones de dibujos hasta la mesita, le iba contando como llevaba en el oficio más de 15 años, y que era curioso como la gente había cambiado la idea  que existía en un principio de que el tatuaje es de barrio bajo, de delincuencia, hasta  llegar a pensar que es un adorno estético más y que tiene un significado para cada cual...

Marga – A mí es que no me gusta llevar nada fijo en mi cuerpo, soy muy voluble y me canso pronto de las cosas...

Chica – Eso suele suceder cuando no se medita qué quieres hacerte, o te lo haces en el salón de un mercachifle aficionado. Yo modestia aparte soy una profesional... Mira mis premios en aquella pared. Por medio mundo he ido perfeccionándome y por el otro medio concursando jajaja

Marga – Ya veo... para ser tan joven eres muy activa.

Chica – En mi profesión, hay que serlo o te quedas atrás, caducada, jajaja

            Marga iba mirando todas aquellas selecciones, había ninfas, hadas, corazones, flores, mariposas, serpientes, rostros famosos, santos, letras, iconos, tribales... Sin duda había dibujos interesantes, pero no tanto como para decidirse a marcar su piel con uno de ellos.
            Pensó que ya había molestado lo suficiente a la chica, así que decidió seguir su paseo por  las calles.

            Marga – Oye, gracias por tu tiempo, pero no voy a molestarte más, ya te dije que no pienso hacerme nada.

            Chica – No es molestia jajaja, ya te dije, para mi eres una clienta potencial.

            Antes de salir, Marga se acercó a la pared  para ver los diplomas con los premios de la  chica. En una pequeña vitrina se exponían algunos trofeos de certámenes en los que había participado.
            Al lado de uno de los trofeos pudo ver un pequeño pergamino dejado caer sin precisión. Era un dibujo muy antiguo con muchos colores que representaba un dragón. Bueno... era medio dragón, como cortado en vertical. Marga se extrañó y le preguntó a la chica.

            Marga – Perdona... ¿Y este medio dragón que significa? ¿Por qué lo tienes ahí?

            Chica – Ahhhhhhhhh, es mi dragón mágico jajaja

            Marga - ¿Mágico?

Chica – Bueno eso me dijo el chino que me lo vendió en un pueblo del que ni recuerdo su nombre. Lo compré cuando fui a unos cursos a China. Un día nos llevaron de turismo y en un pueblecito, en una tienda pequeñita lo compré. ¡Mira que comprar yo medio dragón! Jajaja

Marga - ¿Y que tiene de mágico ese dragón?

Chica – Según me fue traduciendo el guía, porque yo de chino no se una sola palabra, el vendedor le había explicado que era el dragón del amor. La otra mitad del dibujo no se sabía dónde estaba, pero la leyenda decía que un día, esos dos medios dragones, tatuados en dos diferentes brazos se encontrarían. Eso sería la señal del amor eterno entre esos dos desconocidos. Y que solo valía el hechizo para una sola y primera  vez que se tatuara.

Marga – Vayaaaaaaaaa que curioso.

Chica – Un total disparate, pero me hizo gracia y lo compré. Bueno compré otras cosas, el chino me dijo que el dragón era un regalo, porque el amor no se compra ni se vende, solamente se tiene. Y aquí está el medio dragón jajaja, abandonado en la vitrina, no sirve para nada pero me gusta conservarlo como recuerdo del viaje.

            Marga sintió que algo se removía dentro de ella, un impulso irrefrenable le decía que aquel medio dragón debía estar en su antebrazo. Luchaba consigo misma entre el sí y el no. Pudo más el impulso que su voluntad.

Marga - ¡Tenías razón! Ya no soy una clienta potencial. Voy a ser la dama del medio dragón jajaja.

Chica – A mi me interesa ganar dinero, por eso  te aconsejaría que te hicieses algo que tenga significado para ti, no medio dragón...

Marga - ¡Ponte manos a la obra! Ese dragón debo llevarlo, algo en mi interior me lo dice...

Chica – El cliente manda, pero espero que no me demandes jajaja

La chica inició su trabajo, pero le advirtió a Marga que era un dibujo tipo filigrana, con detalles muy menudos, con muchas variantes de color y que llevaría varias sesiones. Marga le dijo que adelante.
Tras las sesiones necesarias Marga lucía en su antebrazo el medio dragón. Era pequeño, menudo, pero enérgico y en posición rampante, se sentía como si llevase una obra de arte del Louvre en su piel.
A la hora de pagar, la chica se negó a cobrarle. Marga le insistió, pero la chica le respondió:

Chica -  El chino no me cobró, yo a ti tampoco. Espero que encuentres la otra mitad del dragón como dice la leyenda y con ello el amor. Aunque dudo yo que estas cosas pasen...

Marga – Gracias, he sido arriesgada, seguramente estaré con este medio dragón de por vida jajaja.

Se despidieron, ahora Marga dudaba de aquella locura, hacerse un tatuaje a medias y en el brazo... Era un lugar muy visible.
Meses después, por razones de trabajo, Marga tuvo que viajar al sur. Eran fechas claves y le fue imposible encontrar un billete de avión. Contrariada no tuvo más remedio que optar por tomar el tren.
Llevó buena lectura, chocolate y zumos de frutas para pasar el tiempo. Estaba absorta leyendo una novela que había dejado meses atrás cuando una voz la sobresaltó. Era el revisor del tren.

Revisor - ¡Buenos días señorita! ¿Su billete por favor?

Marga – Si, por supuesto ( le extendió el billete con la mano)

Revisor – Señorita, si es tan amable... ¿Puede acompañarme con sus pertenencias?

Marga - ¿Pasa algo? Debo llegar a Sevilla puntualmente...

Revisor – Llegará usted, se lo prometo. Pero debemos bajar en la siguiente estación.

Marga - ¿Qué pasa con mi billete? ¿Algo no es correcto?

Revisor – Confíe en mi... Por favor no tema.

            Bajaron en la siguiente estación. El revisor la llevó hasta una de las oficinas. Le puso un café de máquina.
            Marga no sabía que pasaba, tanto misterio, café... Algo no iba bien. El joven revisor también se había puesto un café y miraba a través de la ventana como ausente.

            Marga - ¿Por favor puede explicarme que pasa? Me tiene usted confundida.

Revisor – Perdone estoy buscando la manera de decirle lo que le tengo que decir. No es fácil. Deme un poco de tiempo.

Marga - ¿Le ha pasado algo a mi familia? ¿Ha sucedido algo grave?

Revisor – No, tranquila. Lo que tengo que decirle es otra cosa, y no se cómo se lo va a tomar usted si conoce la historia.

Marga - ¡Por Dios, no me ponga más nerviosa de lo que estoy! ¡Dígame que pasa!

El revisor girándose lentamente la miró a los ojos, se quitó la chaqueta, desabrochó el botón del puño de su camisa, replegó la tela hacia atrás y... ¡Allí estaba el tatuaje del otro medio dragón! A la vez los dos repitieron como autómatas la frase del chino:

Revisor y Marga – “El amor no se compra ni se vende, solamente se tiene”.

M.ª Montserrat Ríos Torres

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